Me encuentro escribiendo en la habitación donde hace casi 6 meses encontré refugio en una ciudad desconocida debido a que a mitad de febrero cumplí uno de mis sueños: ser alumna de intercambio en Alemania. Gracias a la beca
Erasmus he podido disfrutar de muchas ciudades alemanas, pero la que más he llegado a disfrutar es Aquisgrán, o
Aachen, donde me encuentro ahora mismo. Por ello, me parece perfecto empezar con ella en este blog donde pretendo enseñaros mis impresiones y aventuras por las ciudades que he conocido y conoceré.
Para situaros, nos encontramos en una pequeña ciudad (menos de 260.000 habitantes) al oeste de Alemania en el estado de Renania del Norte-Westfalia. Justo en la frontera con Bélgica y Holanda. Para haceros una idea de la cercanía a la frontera os puedo dar un pequeño detalle. Durante los primeros días en la ciudad llegué desde el centro, a la ciudad holandesa más cercana (Vaals) en 45 minutos, sólo dándome un paseo.
Aunque es una ciudad pequeña, como muchas otras en este país, Aachen es famosa gracias a Carlomagno. Sus restos están en la Catedral, cuyo núcleo es la Capilla Palatina que él creó siendo uno de los mayores puntos de de interés de la ciudad. Entre ellos también están otros como el Ayuntamiento y las fuentes termales. Pero ya tendremos tiempo para estas atracciones de la ciudad más adelante. Porque ahora que estáis situados físicamente, os voy a intentar transportar a las calles de Aachen para que os podáis mover conmigo durante las siguientes entradas.
La ciudad está cerrada por varios anillos. El centro histórico es una zona peatonal confinado por el primero de ellos. Aunque el tráfico por este anillo es muy alto, siguiendo los adoquines de las calles hacia el centro de la ciudad, el ruido desaparece y te adentras en un confuso conjunto de calles. La única referencia que impide perderte es la torre de la Catedral. Punto de orientación que utilicé durante los dos primeros meses frecuentemente y que aun a día de hoy he de consultar en alguna ocasión. Con el buen tiempo estas calles se encuentran invadidas por las terrazas de bares y cafeterías, cuyas mesas intentan encontrar equilibrio en las calles. Porque uno de los puntos negativos de la ciudad es que está llena de cuestas. Para atravesar el centro, a pesar de no ser muy grande, debes subir y bajar varias cuestas aunque todas ellas desembocan en el centro: El Ayuntamiento o Rathaus. Su amplia plaza no se libra de las terrazas de bares y restaurantes, donde podemos
relajarnos con una cerveza. Momento que aprovecharé para hacer una pausa ya que no quiero aburriros con mi primera entrada.