lunes, 8 de agosto de 2011

¿Nos tomamos una cervecita?

Rathaus

Con la chaqueta puesta y una cerveza en la mano tenemos unas vistas preciosas del Rathaus ("Casa del consejo"). Este tipo de fachada es muy típico en edificios importantes de ciudades alemanas. Un ejemplo cercano es la Catedral de Colonia. A mi en particular me encantan. Sobre todo de noche. La poca iluminación que le ponen hace que sea muy bello pero a la vez tenga un toque tenebroso. Aun recuerdo mi primer paseo por Aachen. Pero es que mi primer día en la ciudad jamás lo olvidaré.

Con antelación, me había puesto en contacto con algunos españoles que ya estaban aquí. Con ellos me moví por la ciudad para: comer, comprar un móvil, comprar una tarjeta prepago alemana, llegar a mi primera entrevista para ver un piso compartido, visitar un local frecuentado por más españoles y finalmente volver a por mi maleta para ya, yo sola dirigirme a mi hotel. Fueron un total de 5 personas las que me llevaron por la ciudad. Alguien me dejaba y después otra persona me recogía y me acompañaba hasta otro sitio. Durante el camino me contaban sus propias opiniones sobre la ciudad, la universidad... y sobretodo me daban consejos. A todos ellos les agradezco su ayuda y esfuerzo. Ya que en gran parte, yo era una desconcida. Fue un día muy agitado. No paré hasta llegar a mi habitación, excepto por los 15 minutos que tuve que esperar a que dos chicas me llevaran al local para conocer a más gente.

Habíamos quedado frente a un conocido supermercado aquí en Aachen. La entrevista del piso fue rápida, por lo que tuve que esperarlas. Para hacer tiempo entré al supermercado a comprar algunas cosas. Pero aun así estuve fuera un rato. Momento en el que me dí cuenta de que ya estoy en Aachen. No se exactamente dónde. Me han dejado aquí tirada y aquí tengo que esperar a que me recojan. Parece que tenga 5 años de nuevo. Todo el mundo me lleva de la manita a todos sitios. Aunque no sabría volver. Además las calles de esta ciudad son bien raras. Bueno, miré el reloj, quedan 5 minutos. Tienen mi teléfono, así que si pasa cualquier cosa... tendría que haber pedido sus números de teléfono. Ya era bien entrada la noche. Un problema para mi visión. Hasta que las dos chicas no estuvieran delante de mi, no podría reconocerlas. Y la poca iluminación en las calles no ayudaba. Sentí cierto agobio durante la espera. Más aun si me paraba a pensar en que tenía que hablar en alemán para encontrar el camino a casa. Pero tardaron muy poquito. Pasados 2 minutos de la hora concertada, estábamos ya hablando de camino a die Kiste.

En su momento no supe por donde caminábamos, aunque ese camino ya lo he hecho tantas veces que podría ir con los ojos cerrados. Bajamos por Pontstrasse hacía el Rathaus. Como teníamos tiempo, hicimos un rodeo para ver la Catedral y pasar por el Elisengarten. Os recomiendo que sigáis mis pasos en sentido contrario alguna noche para terminar comiendo en algún local de Pontstrasse. Es un paseo muy bonito y agradable. La iluminación de las calles hacen formas extrañas en las fachadas de las casas. El empedrado, las farolas, las fachadas... todo te sitúa en otro tiempo. Saliendo de las calles apareces en plazas amplias con el precioso Ayuntamiento (Rathaus) o el misteriosa Catedral. Ambos edificios con un poco de niebla al rededor, típica de las noches invernales, que les daba un toque mágico. Al final llegamos al jardín Elisengarten. Amplio y despejado. Con pocas luces al rededor y la niebla decorándolo. Me pareció ideal para hacer algún cine al aire libre gracias a las pequeñas gradas situadas entre el césped. Me enamoré de la ciudad. Tenía un encanto natural que no me había imaginado y cada vez que vuelvo a pasar por estas calles me enamoro más y veo nuevos detalles pequeños que hacen que aun me sorprenda.

Será mejor que paguemos y sigamos andando.

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